Fronteras, identidades, símbolos y ganas de escribir.

Hace unos días, me senté en mi sofá a gozar de un par de horas libres de auto regocijo, por aquello del festivo. Suelo dedicar mi tiempo sin juguetes ni "mira mamá" a ver qué pasa en el mundo y bucear por las redes... y en tres minutos leí tres noticias que me hicieron pensar, mucho. Y de pronto tenia que escribir algo, satisfacer esta vocación frustrada de columnista de opinión que a veces parece que tengo.


La primera noticia: David Bollero argumentando su escaso orgullo como ciudadano español en su columna de Diario Público. Que comparto absolutamente pero que tengo que matizar. Porque esta misma mañana hablaba yo de que, un año más, este 12 de octubre, tuve más bien poco que celebrar. Al menos, no de la manera en que se celebra en los círculos oficiales: ni la bandera, ni los galones militares ni la corona me hacen sentir orgullo de nada. No elegí ninguno y además creo que un país debe ser mucho más que unos símbolos. Es mucho más que esos símbolos.
¿Por qué hoy no se celebra la cultura española y sí el poderío militar?.
¿Por qué un día como este nos olvidamos de que hay 400 millones de hispanos que hablan nuestro idioma y a los que la historia les debe una disculpa?.
¿Por qué basamos nuestra identidad en un desfile de armas e insignias? Esta España no soy yo. Ni esta España es la que debería ser en este estrenado pero ya avanzado siglo XXI, en el que parece que no queremos zambullirnos aun.
Bollero va todavía más lejos argumentando que es absurdo identificarse y sentir orgullo por ser de un sitio en el que has nacido por pura casualidad. Yo no llego a tanto. Yo estoy orgullosa de ser de donde soy, de donde nací. De Galicia. Porque me identifico con todas y cada una de sus pequeñas y grandes cosas, porque impregnan mi vida completamente y las llevo dentro. Si la España de la que me tengo que sentir orgullosa es la de la bandera, los toros y los desfiles militares, lo siento pero no, no me sale de dentro. Al final es una cuestión de identificación. Y de diversidad.


La segunda noticia: El País despide a John Carlin por defender unas ideas sobre Cataluña distintas a la linea editorial del periódico. Bien, bueno, estas cosas pasan. Pero casualmente a mi este hombre me caía bastante bien. Y desde que vi Invictus, sobre Nelson Mandela, película conciliadora donde las haya, basada en un libro suyo, más aun. Pero es que además a esto se une el hecho de que el Grupo Prisa este año ya ha dejado en la estacada a dos de esos periodistas que me gustan, Carlin y Gemma Nierga... y empieza a desprender un tufillo conservador y prosistema que no me satisface. ¿Periódico de la izquierda de este país? Creo que eso se acabó y hace tiempo. Y me doy cuenta de que hace mucho que no leo periódicos, más que los que pillo casualmente en los bares en los escasos cafés que me tomo. Me he tirado de lleno a la prensa digital y tengo la sensación de estar más y mejor informada que nunca. Y no precisamente por los periódicos que son número uno en este país, que cada vez están más teñidos de los colores de los partidos políticos, y difieren cada vez menos en sus enfoques.
En fin, que en este país del que tengo que sentir orgullo ya ni la prensa escrita es fiable. Lo único fiable es nuestro criterio propio a la hora de filtrar. Y eso es muy triste.



La tercera noticia: una ya antigua sobre la decisión del gobierno portugués de eliminar las subvenciones al 60% de los colegios privados del país.  Ah, Portugal! Esa gran desconocida! Tan cerca y tan lejos al tiempo. Es ese país que hemos tenido siempre a tiro de piedra y al que siempre le hemos dado la espalda. Compartimos tanto y nos conocemos tan poco! Pero tiene muchas cosas que admiro, desde la forma de ser de los portugueses hasta la lengua, tan parecida al gallego (pues en algún momento de la historia fueron la misma), sus paisajes... y ahora las decisiones de un gobierno socialista de verdad que parece tener las cosas claras pese a quien pese. Un país que fue capaz de tirar abajo una dictadura sin dar un solo tiro, tiene mis bendiciones.


Aquí seguimos sin condenar abiertamente el franquismo, dejando a la familia del dictador hacer lo que le viene en gana con el patrimonio de todos y no respetando la ley de memoria histórica más que lo justo.

Andar buscando a quién admirar fuera de tus fronteras es un gran indicador de que lo que tienes dentro de las tuyas deja mucho que desear, no?

Y con todo esto, con estas tres perlas de la prensa no escrita, mi mundo interior se ha transformado en esta entrada en mi blog que derrocha una sinceridad nunca pedida por mis escasos lectores pero que me ardía dentro. Y que no me soluciona ninguna de mis duda pero que me deja tranquila y satisfecha mientras tecleo y siento que mis neuronas empiezan a recuperar la agilidad perdida tras la maternidad, algo que me tenía realmente preocupada.

Sed felices. 



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