Escapada: tres días en Amsterdam.

Si tuviera que ponerle un adjetivo a Amsterdam, diría que es una ciudad joven.

Una calle del barrio rojo.

Llegamos un sábado de agosto a las 7,30 de la tarde y tras alojarnos en un hotel estupendo y superbien situado en el barrio de los Museos, salimos a cenar y a por el primer contacto.

Y lo primero que vimos, el imponente edificio del Rijksmuseum ....ooohhhhhh!, con el icónico "Iamsterdam" delante, y rodeado de ¡¡¡bicicletas!!!. Sí, de día, de noche, rápidas, lentas, grandes, pequeñas, con cesto, con niño, con niños.... con mesa! En esta ciudad la bicicleta es la reina, para todo y en cualquier estación. Y yo muerta de envidia y de ganas de subirme a una. 



Todas las noches vimos gente, y gente ...pero sobre todo esa primera. Mucha gente joven. Los mayores de 70 deben de estar todos en España al sol, y los que quedan, van en bici igual que los jóvenes y llevan esa inconfundible pinta de hippies trasnochados...

Monumento a Rembrandt y su Ronda de Noche en Rembrandt Plein.
Es una ciudad muy distinta, vive como a otro ritmo, marcado por ese cadencioso pedaleo de bici de paseo y el sonido de los timbres a cada paso. También están omnipresentes los sonidos del tranvía, y el agua.

Muntplein.

Y aunque menos, también hay coches...y dicen de los amsterdamers que no saben conducir un vehículo a motor, porque hacen con él como con la bicicleta, y todo se convierte en un caos...


Junto a la estación central.
Los canales son únicos, es una ciudad de mil años de antigüedad que ha ido creciendo sobre pilotes asentados en el lecho marino, poniéndole diques al mar y y dando lugar a un sitio tan diferente y peculiar como pocos.


Las casas son preciosas, con espacios de varias alturas y grandes ventanales que parecen invitar a entrar, sobre todo por las noches cuando se iluminan con mil lámparas y permanecen con las cortinas abiertas para que los observes vivir. Porque aunque hay mucho turista, por las noches las casas se abren a la calle y ves a la gente en su vida cotidiana en sus perfectas cocinas que parecen sacadas de un catálogo de Ikea, y disfrutando del calorcito del verano.


Todas mantienen esa estructura de dos o tres ventanas y dos o tres alturas y la buhardilla, coronada por una polea para facilitar las mudanzas y la subida de muebles y objetos pesados. Como en el siglo XVII...

Se come de cine... y no lo digo por la comida propiamente holandesa, que también. Lo digo porque hay restaurantes de todas las nacionalidades que te puedas imaginar, así que acertarás siempre. 


Hay cafés para tomar un tentempié...


...y canales, y canales...



Y allá, en medio del agua, que ya casi parece que puedes tocar el mar abierto... el museo de las Ciencias o Nemo, que mira a la ciudad. Y esta le devuelve esta bonita vista...


Ya teneis ganas de ir a Amsterdam? 

Venga, otro día más...

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